Hay un sueño recurrente en el que me encuentro flotando sobre el mar, ningún mar en especifico podría ser el mar adriático en el mediterráneo, podría ser el mar muerto, podría ser cualquier otro mar, me encuentro flotando al abrir los ojos a un cielo rojizo de bengalas cayendo sobre una ciudad en ruinas, mientras camino hacia la orilla y otros a su vez marchan en silencio mas adelante de mi desde el agua impasible, me encuentro desnudo en la playa con botas de combate negras, un rifle, pantalones cargo verdes y un chaleco antiaéreo reminiscente a otra época a mis pies, lo único que tengo colgando en mi cuello es un medallón con una cruz y dos placas de identificación con su información rayada en un intento frenético por hacerla ilegible, mientras me visto sigo avanzando hacia unas escalinatas talladas en piedra para adentrarme a la ciudad rodeada de humo y destrozada, atrás de mi me siguen dos muchachos con ropa y edad similar en silencio llegamos a una esquina y al girar podemos ver una multitud de mujeres y niños corriendo, gritos ahogados, sollozos y lamentos se escuchan mientras pasan velozmente a nuestro lado, caras desencajadas de tristeza y dolor, cierro los ojos un momento para volverlos a abrir al despertar un día mas, sin descansar, como si al cerrar los ojos aquí, los abriera allá y al cerrarlos de nuevo volviera a empezar el ciclo, entre el sueño y la vigilia, en otro tiempo, en otra vida.
domingo, 17 de enero de 2021
El Océano Embrujado
Hay un sueño recurrente en el que me encuentro flotando sobre el mar, ningún mar en especifico podría ser el mar adriático en el mediterráneo, podría ser el mar muerto, podría ser cualquier otro mar, me encuentro flotando al abrir los ojos a un cielo rojizo de bengalas cayendo sobre una ciudad en ruinas, mientras camino hacia la orilla y otros a su vez marchan en silencio mas adelante de mi desde el agua impasible, me encuentro desnudo en la playa con botas de combate negras, un rifle, pantalones cargo verdes y un chaleco antiaéreo reminiscente a otra época a mis pies, lo único que tengo colgando en mi cuello es un medallón con una cruz y dos placas de identificación con su información rayada en un intento frenético por hacerla ilegible, mientras me visto sigo avanzando hacia unas escalinatas talladas en piedra para adentrarme a la ciudad rodeada de humo y destrozada, atrás de mi me siguen dos muchachos con ropa y edad similar en silencio llegamos a una esquina y al girar podemos ver una multitud de mujeres y niños corriendo, gritos ahogados, sollozos y lamentos se escuchan mientras pasan velozmente a nuestro lado, caras desencajadas de tristeza y dolor, cierro los ojos un momento para volverlos a abrir al despertar un día mas, sin descansar, como si al cerrar los ojos aquí, los abriera allá y al cerrarlos de nuevo volviera a empezar el ciclo, entre el sueño y la vigilia, en otro tiempo, en otra vida.
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